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viernes, 11 de junio de 2021

Cine (4): Un acercamiento a la vision de la pareja en el cine actual. "La tormenta de hielo", Ang Lee.

-La tormenta de hielo.

Con este film (1) Ang Lee se sumergió de lleno en “territorio americano”, lo que no deja de ser curioso porque hubiese parecido más lógico –al menos teóricamente- que fuese un realizador estadounidense el que llevase a cabo semejante análisis de la familia norteamericana pero, como se ha señalado en posts anteriores, su distanciamiento emocional le permitió afrontar el reto con éxito y, a la vista del excelente resultado obtenido, nadie podría cuestionar la idoneidad de su dirección ni la calidad de la película.
Cambia en este largometraje –lógicamente- el escenariom pero eso no impide que Ang Lee continúe con uno de sus temas e intereses fundamentales: el retrato de las convulsiones a las que se ve sometida, por muy diferentes motivos, la institución familiar.

El film –adaptación de una novela de Rick Moody- nos presenta a dos familias WASP (Blancas, anglosajonas y protestantes) que viven aparentemente felices dentro de la confortabilidad de un alto nivel económico. Situada temporalmente en las cercanías del día de Acción de gracias de 1973 y geográficamente en un barrio de lujo de Connecticut, Ang Lee nos va mostrando los entresijos de sus relaciones por lo que podemos ir observando cómo, aunque aparentemente todo brilla como el hielo casi omnipresente en la cinta, -tanto en versión carámbanos, como en forma de amenaza de tormenta o, incluso, con apariencia de cubitos de bebida- la realidad es fría y, por eso mismo, peligrosamente resbaladiza.

A diferencia de sus otros largometrajes en los que Lee traslucía una mirada preocupada, pero tierna, La Tormenta de hielo describe una sociedad que tiene todos los síntomas de haber perdido la inocencia de antaño y haber olvidado también –dentro de su nube de bienestar económico- los ingenuos ideales del american dream

La mayoría de la crítica consideró una brillante idea plantear la acción en un tiempo tan desabrido y gélido como el invierno y vincular el desarrollo dramático al avance de una tormenta porque la parábola es perfectamente válida para la sensación de desencanto que se instaló en muchos ciudadanos norteamericanos ante todo lo que estaba sucediendo en su país en esos momentos.


Quizás convenga recordar un poco los hechos históricos para cntectualizar mejor lo que se nos cuenta en la película.: Estados Unidos acababa de salir de la guerra de Vietnam (perdiéndola) y Nixon –varias veces objeto de ridiculización en el film- estaba a punto de dimitir deshonrosamente de la presidencia del gobierno por el caso Watergate
El crítico cinematográfico Mark Robbins señala acertadamente como “en cierta forma, el visionado de La Tormenta de hielo parece una introducción al ensayo del sociólogo Marvin Harris, publicado en 1981 bajo el título de “La cultura norteamericana contemporánea. Una visión antropológica"donde se ponían en evidencia los actuales males de la sociedad USA: el incremento del número de divorcios, el miedo al compromiso emocional, el aumento de la delincuencia y de la violencia en general, el mal funcionamiento de las instituciones públicas etc. Eso que algunos han denominado sociedad disfuncional. Para el espectador estadounidense, La tormenta de hielo es una sonora bofetada moral, un agrio recordatorio de los males que le circundan y el origen de los mismos” (2).

 La película acaba por convertirse en una verdadera bofetada moral a un tipo de sociedad autocomplaciente que, en el fondo, necesita sumergirse en vodka o jugar al intercambio de parejas, más como evasión de lo que no les complace –o no quieren reconocer- que porque realmente lo deseen.
La Tormenta de hielo empieza con el narrador, Paul (Tobey Maguire), ojeando un libro de cómics de Los cuatro fantásticos. Un inicio curioso ya que es como si quisiera iniciar la narración de la fría realidad a través de una idealización cuasi infantil en donde el mundo de fantasía de los superhéroes asume la carga de defender unos valores a los que los humanos de a pie hace tiempo renunciaron anestesiados por la crudeza y la decepción de los hechos. 

Lee nos presenta a unos personajes “proges” pero escépticos: Ben Hood (Kevin Kline) es el padre afectuoso -y aparentemente cálido- de Paul y de la cleptómana Wendy (Christina Ricci), casado con la paciente Elena (Joan Allen) y enredado, como manda la –mala- tradición pequeño-burguesa, con su vecina Janey Carver (una excelente Sigourney Weaver); probablemente sea ésta el personaje más fríamente desencantado y que demuestra menos paciencia ante los posibles enganches a fórmulas conocidas y fallidas (lanza una frase sumamente significativa a su amante (Kevin Kline) cuando éste le está contando sus cuitas competitivas: “Me estás aburriendo, ya tengo marido y no me interesa repetir ciertas cosas”).

 Ella ha llegado a la conclusión de que nada puede cambiar, al contrario del personaje de Elena (la también meritoria Joan Allen) quien, enfrascada en la represión de sus temores y sintiéndose muy infeliz, da muestras de una mayor complejidad moral (hay una escena en la que cambia opiniones con un pastor) y un cierto interés cultural (busca libros y se resiste a según qué tipos de divertimentos….aunque es cleptómana al igual que su hija). 
Los hijos intentan no reflejar los comportamientos de los padres, pero tampoco escapan a la sensación de que su vida patina y de hecho el desenlace más dramático del film nos lo muestra el director cuando uno de los hijos, Mickey (Elijah Wood), resulta fulminado en un accidente cuando jugaba con la realidad del entorno (muy bellamente filmada por Lee). 
Este hecho actúa como un catalizador que rompe definitivamente el hielo trastocando la anomia en dolor (¿purificador?).

En este sentido La Tormenta de hielo es una película "deprimente" en tanto que nos muestra cómo muchas veces se quiere dar la espalda a la realidad –sobre todo si no nos gusta-m pero ésta tiene el mal gusto de devolvernos siempre el feo, generalmente con algo inesperado y de suficiente calibre como para sacarnos del adormecimiento.

Quizás lo menos conseguido en el film sea la música de Michael Danna (un buen compositor por otra parte). Una música con cierto aire oriental, tipo spa asiático, que es de suponer que querrá acompañar los conatos de tormenta y la sensación de gélida calma ante los acontecimientos, pero que hace pensar en juncos tropicales y en manos habilidosas de masajista tailandesa  más que en unos tiempos de transición como los setenta.
 Quizás, para un cierto público que conserva de aquella época una imagen feliz de “flower power”, el ácido desencanto de lo que nos cuenta Ang Lee será una "sorpresa" desagradable que destruye idealizaciones, pero la visión de Lee resulta autentica…..a pesar de lo fría –y lo duramente certera- que pueda parecer.

Notas:
(1) (14) Sobre La tormenta de hielo (1997):
(2) Robbins, Mark. Artículo “El lado oscuro de América”. DIRIGIDO POR nº 262, noviembre 1997. P. 53

Todas las imágenes y/o vídeos que se muestran  corresponden al autor o autores referenciados.
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